martes, 30 de diciembre de 2008

Lluvia en desierto

Quiero encontrarme esta noche
mirar por dentro y saber quien soy
no estas aquí pero estas por despertar
en el desierto de mi soledad.

Tu me harás volver a creer.

Llegaras como lluvia en desierto
sin hablar volveré a pensar en ti
Llegaras como lluvia en desierto
y al final estuviste siempre aquí.

Sueño que corro entre la lluvia
busco las calles que hay entre tu y yo
te encuentro al fin has estado en mi interior
y despertar a diario con tu voz.

Me hará volver a sentir.

Llegaras como lluvia en desierto
sin hablar volveré a pensar en ti
Llegaras como lluvia en desierto
y al final estuviste siempre aquí.



Llegaras como lluvia en desierto
y al final estuviste siempre aquí.

domingo, 28 de diciembre de 2008

La decadencia del cuerpo

Declive, deterioro, principio de debilidad y desintegración.
Período en que tiene lugar este deterioro.
Declinación, crépusculo, menguante, ocaso.

+

Parte fisica y material de un ser.
Cabeza, tronco y extremidades.
Alma+personalidad+comportamiento.
Se conecta con la apariencia, la salud y la muerte.


Cadáver.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Desierto

desierto, ta.

(Del lat. desertus).

1. adj. Despoblado, solo, inhabitado.

2. adj. Dicho de una subasta, de un concurso o de un certamen: Que no ha tenido adjudicatario o ganador.

3. m. Lugar despoblado.

4. m. Territorio arenoso o pedregoso, que por la falta casi total de lluvias carece de vegetación o la tiene muy escasa.

clamar en el ~.

1. loc. verb. coloq. predicar en desierto.

predicar en desierto, o en el ~.

1. locs. verbs. coloqs. Intentar, infructuosamente, persuadir a quienes no están dispuestos a admitir razones o ejemplos.

viernes, 26 de diciembre de 2008

27 nov 2007 0.58

niñaaaaa move on!!

que otro año más se suma a tu vida y ya tenemos que sacar esas faldas que nunca te has puesto, esas ideas que rondan en tu cabeza más insistentes que el mismisimo mosco del dengue, es hora de desempolvar esas miradas y sonrisas coquetas escondidas por tanto tiempo.

Guiate de los presentimientos, de esos que llegan de las maneras más extrañas. Sabes bien que nunca se equivocan.

little wen, eres tu la unica, solo tu puedes hacer de mi una realidad, ya me has visto, sabes que puedes y tienes todo para lograrlo. Es hora de actuar. ;)

-tu fabuloso destino



:´´(

jueves, 25 de diciembre de 2008

Miento

Si digo que creo.
Cuando te haces grande.
Al mostrar tu rostro.
Y decirme que estas bien.

no te creo no te creo
no me creas
shhh...
será nuestro secreto.

¿y si preguntan?
diles que miento

miércoles, 17 de diciembre de 2008

viernes, 12 de diciembre de 2008

1925

Presentimientos.
Palabras vs Acciones.
Mis decisiones.
Mi fuerza/debilidad.
Y la visión certera:
Yo, un mar que mira las lágrimas, la arena cálida en mis pies, la brisa en mis cabellos y una respuesta que espera ser pronunciada.


miércoles, 10 de diciembre de 2008

Esa es la función de mi ojo/corazón

...is a visionary fantasy experienced while awake, especially one of happy, pleasant thoughts, hopes or ambitions...



...may include fantasies about future scenarios or plans, reminiscences about past experiences, or vivid dream-like images, they are often connected with some type of emotion...

martes, 9 de diciembre de 2008

Trabalenguas

Quiero y no quiero querer, a quién he querido, quiero;
he querido sin querer, y sin querer estoy queriendo.
Si porque te quiero, quieres que te quiera más,
te quiero más que me quieres.
¿Qué más quieres?¿Quieres más? Te quiero.




lunes, 8 de diciembre de 2008

La insoportable prima Esther

Besos y más besos. Besos pegajosos y un par de pellizcos en los cachetes.

—¡Mayte, qué grande que estás!
—Sí, tía.

Y allí, sentada en un sillón, con un vestido lleno de encajes, el pelo rubio y rizado, la sonrisa de muñeca de plástico, estaba la prima Esther.

—Esther, por qué no llevas a la prima Mayte a tu cuarto, así pueden jugar tranquilas —dijo el tío.
—Sí, papá.

Mayte y Esther se saludaron y después anduvieron por un pasillo de baldosas rojas y lustradas hasta llegar al cuarto que era de la prima.

Entraron.

Todo estaba tan ordenado y limpio, que Mayte no lograba imaginarse a qué podrían jugar.

La cama, ancha y de madera, tenía una colcha color de rosa con holanes rococó. En las paredes se veían decenas de personajes de cuentos infantiles.

El piso, también de madera, no parecía tener ni una manchita.

Mayte no sabía qué hacer. Siempre que iba allí le sucedía lo mismo. Le daba no sé qué moverse, sentía que aquel cuarto era un lugar sólo para ser mirado, un lugar al que se debía entrar en silencio y de puntitas como se entra a un museo de objetos delicados.

Esther abrió una puerta del armario y sacó una, dos, tres muñecas, todas con vestidos color de rosa.

—Bien, vamos a jugar a las mamás. ¿Te parece?

Mayte se encogió de hombros y tomó una de las muñecas, que parecía un bebé de verdad.

—¿Y ahora qué hago?
—Tienes que hacerlo dormir.

Bien, eso era fácil. Mayte comenzó a sacudir al bebé y a cantarle fuerte, arrullándolo.

Pero el bebé no se dormía porque era uno de esos muñecos que no cerraban los ojos.

—Es imposible. Este bebé tiene una enfermedad extraña. Se le pegó en el África —explicó Mayte— Fue cuando fuimos a cazar rinocerontes, había una invasión de moscas verdes, seguro que lo picaron y ahora tiene la enfermedad del despierto.

—Eso es una bobada —protestó Esther que ya había acostado a las otras dos muñecas.
—No, en serio —a Mayte comenzaba a gustarle el juego—. Además, mira, ¡se cagó todo!

Esther puso cara de asco.

—Pero si sólo es un muñeco, no puede estar enfermo ni ca, ni hacerse caca.
—¿Ah, no? ¿Y entonces qué es ese olor? ¿No lo sientes?
—No huelo nada.
—Eso es porque no te esfuerzas. Haz la prueba —aquello se ponía muy divertido—. ¡Uf, qué olor!
—Bueno, un poco se siente —dijo Esther ya casi convencida.
—Sí, pero no tenemos tiempo para limpiarle la caca. ¡Rápido, al armario que ahí llegan los malvados cazadores!

Mayte comenzó a correr por el cuarto y luego abrió la puerta del armario y se escondió dentro.

—¡Rápido, Esther! Si te agarran los cazadores, quién sabe lo que pueden hacer.

¡Sí, sí! Esther tomó a sus dos muñecas y corrió hacia el armario, pero cuando estaba a punto de llegar, Mayte abrió la puerta de golpe y saltó hacia afuera.

—¡Ahhhh!
—¡Ahhhh!

Mayte había saltado poniendo cara de fantasma, pero Esther se había asustado tanto que había pegado un verdadero grito de terror y ahora, la muy boba, lloraba.

—Siempre es lo mismo contigo, nunca se puede jugar tranquila—. Mayte intentó defenderse.
—¡Estábamos jugando a los cazadores!
—¡No, estábamos jugando a las madres!
—¡A los cazadores!
—¡Las madres!
—¡Cazadores!
—¡Madres!
—¡Llorona!

Esther se ofendió en serio. Dio media vuelta, caminó hasta su cama, se acomodó el pelo largo y rizado y después cometió un gravísimo error:

—Lo que pasa es que me tienes envidia —dijo con tono de telenovela.

Mayte tomó su bebé —el que tenía la enfermedad del despierto y se había hecho caca— y se lo tiró a su prima en la cabeza.

Y así fue como llegaron los cazadores. Atraídos por los gritos, entraron al cuarto rápidamente, sin dar tiempo a que Mayte corriera a ocultarse en el armario.

Los cazadores, que eran muy parecidos a su madre, su padre, su tía y su tío, ocupaban ahora el lugar y le apuntaban con sus dedos largos.

—¡Me rindo! —dijo Mayte levantando los brazos. Pero su madre la tomó de una mano y la sacó de la habitación casi en el aire.
—¿Es que nunca vas a poder portarte bien?
—Pero, mamá, yo sólo...
—Sí, ya sé, siempre es la misma historia.

Un rato después caminaban de regreso a la casa.

La prima Esther, otra vez peinada y con esa sonrisa de plástico, se había quedado en la puerta cuando salieron.

—¡Madres! —le gritó cuando Mayte se hubo alejado algunos pasos.
—¡Cazadores! —contestó Mayte mientras su madre le daba un pellizcón.




Pateando lunas, Roy Berocay, SEP, 1996.
Puedes leerlo completo, aquí.